Café y Política

A los árabes se les reconoce su condición de pioneros en beber y promocionar el café, por lo menos hace unos quinientos años. Como se detalla en Historia del Café,  el café partió de Abisinia, hoy Etiopía, a Yemen, donde se hicieron los primeros cultivos comerciales. Desde el puerto de Mocha los árabes controlaron por siglos el monopolio de la distribución del producto celosamente.

El auge del café fue facilitado como consecuencia de la prohibición expresa por parte del Islam de beber bebidas alcohólicas. Seguramente  las peregrinaciones a La Meca fueron muy importantes para extender el consumo del café por  el mundo árabe al igual que en Persia. Los primeros testimonios del café bebido se han encontrado en Persia, Arabia, Medina y El Cairo. Alrededor del consumo de la bebida en esta zona del mundo se tejieron diversos mitos. Uno de ellas habla de que en una ocasión en que el profeta Mahoma estaba enfermo, el ángel Gabriel le devolvió la salud y la fuerza viril, ofreciéndole una bebida negra como la gran Piedra Negra que hay en La Meca. Muchos musulmanes describieron  la infusión como un auxilio de Alá para mantenerse despiertos y cumplir con sus obligaciones religiosas.

Sin embargo el consumo de café tampoco estuvo exento de problemas en el mundo árabe. En el año 1511 el emir Khair Bey hizo cerrar todas las cafeterías de La Meca, aduciendo que el café ocasionaba numerosos perjuicios. Se dice que  es más probable que tuviera motivaciones políticas, ya que muchas críticas contra su poder provenían en gran medida de bebedores de café. La prohibición del café causó disturbios que condujeron a la cancelación de la prohibición, y a la consolidación de su consumo. Se estima que para 1630 había ya más de mil cafeterías en El Cairo.

En 1517, cuando el sultán otomano Selim I conquistó El Cairo, su botín incluyó, además de camellos cargados de oro, un cargamento de sacos de café. Fue así como la bebida se instaló en Estambul. A través de los otomanos  la bebida se expandió a Europa.  H.J.E. Jacob, afirma que el café como bebida en Europa comienza en Viena con la invasión por parte de los Tucos bajo el comando de Kara-Mustafa. Jacob además da crédito a un héroe de la época, Josef Koltschitzky, por abrir el primer "Café" en Septiembre 12 de 1683 en el centro de la ciudad de Viena. Sin embargo, existen referencias anteriores al consumo del café en otros países europeos. En 1670 se abrió la primera cafetería en Berlín.

Otros autores mencionan que la expansión del consumo del café en Europa se realizó por iniciativa de diversos comerciantes. El café  habría llegado  a Italia en 1645 cortesía del comerciante Veneciano Pietro Della Valle. Inglaterra comenzó a tomar café en 1650 gracias al comerciante Daniel Edwards, quien fue el primero que abrió un establecimiento de venta de café en Inglaterra. La primera cafetería en Londres se abrió en 1652. Las cafeterías eran lugares donde se discutían frecuentemente ideas liberales y de avanzada, ya que solían ser sitios de encuentro de filósofos y letrados.

El café llegó a Francia a través del Puerto de Marsella. En 1660 algunos comerciantes de ese puerto, quienes sabían del café, sus atributos y efectos por sus viajes alrededor del mundo, decidieron llevar unos cuantos sacos desde Egipto y por 1661 la primera tienda de café fue abierta en Marsella. Se señala a Soliman Aga, el embajador de Persia en Paris durante el reinado de Luis XIV, como el primero en introducir el café en la Monarquía y la alta sociedad Francesa.  La primera tienda de café en Paris fue abierta al público en 1672 por Pascal Armeniano a lo largo de la tradicional avenida Saint German. Un Siciliano de nombre Procopio abrió una tienda similar cerca, donde se reunían alrededor del café, los más destacados miembros  de la sociedad parisina. Fue en este lugar donde se inventó una nueva manera de preparar la bebida, utilizando un filtro con café molido, a través del cual se hacía pasar agua caliente.

Un factor fundamental para la expansión del consumo del café fue  el consentimiento del Papa Clemente VIII, quien se aficionó a la nueva bebida. Los monjes, como antes los imanes, recibieron favorablemente su consumo porque les permitía permanecer despiertos y alertas por períodos prolongados. Sin embargo, esta  expansión del consumo de café se dio en medio de numerosos movimientos en contra del producto. Las controversias eran de diversa índole. Algunos planteaban que el café violaba la ley islámica, y que las reuniones en las casas de café incitaban a actividades políticas indeseables e inducían a desvíos de la moral pública. Por ejemplo, existen registros de alrededor de 1570 de un intento por relacionar el café con el vino, bebida prohibida por el Corán. También hay evidencia de cierres de casas del café en el siglo XVI en La Meca, El Cairo y Constantinopla; en el XVII en Inglaterra; y en el XVIII en Suecia y Venecia, por considerarlas lugares de sedición. Adicionalmente, el café fue considerado una bebida medicinal, tema que también generó controversia. Incluso las mujeres protestaron en Londres en contra del café en 1674. Este movimiento argumentaba que la bebida reducía el vigor sexual de sus esposos, lo cual años después fue refutado.

El café siempre tuvo argumentos para compensar la mala prensa. A modo de ilustración, destacamos que en los cafés europeos nacieron muchos de los negocios más prósperos del Viejo Continente y del mundo. Ese es el caso de Lloyd's de Londres, una aseguradora que inició labores a partir de la fundación de una casa de café a finales del siglo XVII.

También existen referencias al consumo de café por personajes históricos famosos. Se dice que Napoleón consumía hasta 20 tazas diarias, y que Honoré de Balzac llegó a consumir cerca de 70 tazas en un día.  Se dice que durante la creación de su libro "La Comedia Humana" se bebió más de cincuenta mil tazas de café. Otros famosos consumidores de la bebida incluyen al músico Johann Sebastian Bach, al filósofo Emmanuel Kant, a Federico el Grande y a los pensadores Juan Jacobo Rousseau y Voltaire. Claramente aún faltan por realizar estudios que relacionen los  éxitos políticos y artísticos de consumidores famosos de café través de la historia con sus niveles de consumo de la bebida.

A finales del siglo XVIII los impuestos a la importación de café a Estados Unidos eran bastante altos, lo cual convirtió a Nueva York en el centro de la industria del té, la bebida más accesible y de menor precio del mercado en esa época. De repente la corona inglesa decidió aplicar un impuesto al té, lo que generó un creciente descontento entre la población, acrecentando el ímpetu independentista. Esta situación llegó a su punto más álgido en la noche del 16 de diciembre de 1773, cuando Samuel Adams y un grupo de habitantes de Boston, en Estados Unidos, robaron 342 cajas de té y las tiraron al mar para simbolizar la independencia de las colonias. Este acto, conocido como el "Boston Tea Party" alimentó el rechazo a todo lo que se consideraba británico incluyendo, naturalmente, el té, y contribuyó a que el consumo del café se fortaleciera como símbolo de independencia, convirtiendo a este producto en la bebida preferida de los norteamericanos.

Desde el punto de vista de la economía internacional e institucional, el café también ha sido fuente de notables innovaciones y esquemas de cooperación. Para mayor información sobre este tema, por favor visite la economía institucional del café.

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